domingo, 4 de diciembre de 2016

¿Dónde?

España dividida. La guerra civil en color

Gracias a DMAX hemos podido ver, en ocasiones por primera vez, imágenes de aquella maldita guerra, sus "personajes", las últimas filmaciones de tipos como José Antonio o Durruti, los duelos en el frente, los generales en sus cuarteles, los políticos con sus trajes y el personal de a pie pasando hambre. Muchas veces, los alumnos, no le dan credibilidad, no le prestan atención, a todo aquello que vaya en blanco y negro. Con España dividida. La guerra civil en color se nos muestra una realidad que, aunque dolorosa, no hay que olvidar. Errores que no repetir, caprichos que hay que obviar, momentos que hubo que reconducir, muertos que no debieron morir. La plaza de toros de Badajoz o Paracuellos, son momentos que no debemos borrar del archivo de nuestro disco duro neuronal de la Guerra Civil Española. Nunca. Buen ejercicio este de colorear el antes y el durante de la guerra, los bandos y sus huídas, las desventajas de unos políticos chaqueteros y de unos militares sin escrúpulos. Todo se fue a la mierda en color aunque siempre lo recordáramos en blanco y negro. Ahora ya no. Simplemente recordaremos que todo se fue a la mierda y se pudo evitar, haciendo un sacrificio, aquella carnicería sin nombre. Carnicería que se hace extensiva, con todo detalle, en el capítulo final y la Batalla del Ebro, o los casi 200 bombardeos franquistas sobre Barcelona, o el bombardeo de aviones rusos sobre Cabra. Y la desfachatez de políticos y militares que jugaron su ajedrecístico ejercicio de testosterona sin contar muertos en ambos frentes. Vaya oportunidad perdida, vaya forma de morir, vaya idea de país que hemos dejado. Vaya mierda todo.

sábado, 3 de diciembre de 2016

jueves, 1 de diciembre de 2016

Flowers. Primera temporada

Vaya familia los Flowers. De traca. Otra de Channel 4 para disfrutar. Entre el disparate y la desesperación, entre suicidios frustrados y muertes hospitalarias, entre desastres cotidianos y amores (re)convertidos. La palabra excéntrica se queda corta. Demasiado corta. La locura cotidiana hecha serie de televisión. Pandilla de raros con genes compartidos; vecinos aún más peculiares; extravagancias en capítulos de media hora. Los Flowers tienen una brújula distinta a la nuestra. Deportes distintos y ligas distintas. En este ejercicio extraño, la primera temporada de Flowers pasa de la carcajada cruel a momentos tétricos de vergüenza ajena. De mucha vergüenza. Extraños momentos de personajes manifiestamente hilarantes. Menudo circo. Y en esta barricada de locura, los ingleses se llevan la palma. Aldabonazos de sarcasmo. Las mejores obras se construyen con albañiles raros. Los mejores libros tienen detrás de la pluma a geniecillos locos, a artífices de manicomio, a esclavos del siglo XXI que no saben que una máquina está fuera de servicio. Pero el manicomio se vuelve sueño sergioalgoriano, se vuelve una daliniana fascinación por lo extraño. Lo efímero de nuestra existencia nos lleva a tomar decisiones equivocadas, (mal)entendidas, encierros en nosotros mismos, suicidios, rayos, huidas hacia ninguna parte. Gran reflexión para momentos en los que el cansancio. Como dice DAJ, "nos creemos que olemos mejor de lo que olemos". Pensamos que todo es colonia, pero realmente es vómito, es sangre tragada en una cama que gira en mitad de la noche. Siempre hay un recuerdo, una ilustración, un viaje por el que vivir. O tal vez, no. La primera temporada de Flowers da mucho que pensar. Afortunadamente, pensar nos mete en líos. Y todos los demás, también.

Druidas de copa

Ayer, en La Condomina, se recordaron viejos momentos, equipos de primera con plantillas manifiestamente mejorables. Pero se pasó un buen rato, lluvia incluida. El año que viene, más. Adiós, Copa, adiós.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

El pintor de batallas (obra de teatro)

El sábado, viendo El pintor de batallas en el Teatro Romea de Murcia, me venía a la memoria la novela original de Pérez-Reverte, hace ya diez años. Vaya tela, diez años. La historia la resumen muy bien los actores en una de sus presentaciones. La obra es hiel, es redención y venganza, es dolor y recuerdos, son preguntas con respuestas dolorosas, calvarios en los que sacar demasiado rencor. ¿Todos los actos (conscientes, involuntarios) que hacemos tienen repercusión? ¿Debemos cuestionarnos cada uno de nuestros actos? ¿Podríamos dormir tranquilos haciéndonos estas preguntas una y otra vez? Quizás nos volveríamos locos. Demasiado pirados estamos ya para desenfocarnos con cuitas sin Werther. Goethe volvería a terminar sus días como la primera vez. ¿De verdad la maldad es genética? ¿Podemos olvidar todo lo que hemos hecho y tuvo consecuencias? Demasiadas preguntas para terminar noviembre. Y todo lo demás, también.