sábado, 25 de febrero de 2017

Lobezno on fire

Vaya numeritos de Abrines con OKC contra los Lakers esta pasada madrugada. 19 puntos para estrenar titularidad. Un grande.

La noche feroz

Voy a mirar el significado de bolchevique en el diccionario de la RAE y dice que literalmente significa "uno de la mayoría". La pregunta sería: ¿De qué mayoría? ¿De qué maldita mayoría? Disfruto leyendo los libros de Ricardo Menéndez Salmón aunque escriba dramones. La agresividad de La noche feroz es bestial. Con muy pocas palabras, con muy páginas, describe la brutalidad del ser humano. Da igual el contexto: puede ser una guerra civil, pueden ser los ecos de una República (mal)parida, pueden ser los despojos de un maestro de escuela, pueden ser los biliosos instintos de un cura (mal)nacido, pueden ser las cicatrices doloridas de un prestamista de pueblo, pueden ser las ansias de sangre de 4 verdugos con ganas de morcilla y sangre, pueden ser las entrañas de una mujer con un bastardo en su interior, pueden ser tantas y tantas cosas las que hacen que el ser humano sea cruel con mayúsculas. Pero en ese contexto, con esa guerra despiadada, con esa República llena de contradicciones, se aprovecha la mínima para sacar a relucir los más bajos instintos. Los más bajísimos instintos. Somos nosotros. En cualquier momento, en cualquier situación, sale el cabrón que llevamos dentro. Sí. Todos llevamos un cabrón dentro. Podemos edulcorarlo, podemos endulzarlo, podemos usa azúcar en cantidades industriales para disimularlo. Pero en el momento en que sale, en el momento del ataque de la reina en el tablero de ajedrez, la vena ejerce de vena, la sangre llama a la sangre. No hay ansiolíticos que paren a ese bestia, a esa carroña genética que llevamos dentro y que necesita saciar su sed de plaquetas y leucocitos. Y como vuelvo a decir, Menéndez Salmón nos retrata. En las palabras, en los silencios, en las comparaciones, en los gestos, en los ademanes, en las costumbres, en las desdichas. En todo. Saquemos esa bestia y veremos la muerte en el espejo, veremos la botella siempre vacía, veremos los defectos paternos y las desdichas de nuestra descendencia, la misericordia del dolor provocado, la visita al lado oscuro de esa fuerza enorme e intensa que llevamos dentro. Nos deleitamos en causar dolor, nos deleitamos en la hiel tragada por los desgraciados a los que deseamos la muerte, tengan culpa o no. Y reflexiona Menéndez Salmón sobre la inexistencia de la verdad. ¿Qué más da la verdad cuando queremos venganza? ¿Qué más da si únicamente disfrutamos con los padecimientos ajenos? Somos envidia (mal)entendida, somos mierda sobre mierda, somos un cajón lleno de medicamentos caducados, somos cartas de un amor que olvidamos en ese mismo cajón de medicamentos caducados. Escribe RMS sobre las tinieblas de los dormitorios. Vaya resumen de nuestra existencia. Podemos intentar maquillar nuestro insufrible hábito de dañar, pero no hay mascarillas mágicas. El rictus siempre será duro, sangriento, con violencia a pleno pulmón. También escribe RMS del odio como combustible. La nieve como metáfora, el sufrimiento como tentativa de salvación. Y todo lo demás, también.

PB al poder

Ayer estaba en clase, elevado al cubo porque hubo triplete de segundos, hablando del arado normando y de la collera y de la cuchilla y de las herraduras con clavos y me vinieron, cuchillas arriba cuchillas abajo, las gorras de los Peaky Blinders a la memoria. Derivó matemáticamente el asunto en discursos sobre HBO, Netflix, Anabelle, sobre Anabelle Wallis, sobre los túneles en las batallas de Primera Guerra Mundial y las gorras con cuchillas. Vivan los viernes. Coda: Y viva el espíritu de Thomas Shelby.

La música de Daimiel

Empezar el sábado escuchando el paseo musical de Antoni Daimiel en Radio 3 a las siete y pico de la mañana añorando iris verdes, añorando madrugadas montesianas, añorando ambrosías verdaderas. Y todo lo demás, también.

Errores y cuenta atrás

viernes, 24 de febrero de 2017

Islamabad, Los Planetas, segunda escucha

Apple Tree Yard. Primera temporada

Premisa número de la que parte Apple Tree Yard: todo es mentira. Como casi todo en la vida, nada es real. Sarta de mentiras. Absolutamente mentira. De ahí en adelante, podemos especular, escupir en mitad del Mediterráneo (mierda sobre mierda), mirar(nos) el ombligo y todo a lo que vosotros queráis poner en un altar. Partiendo de la mentira, de las palabras dichas a la luz de una cámara invisible, de un ángulo muerto, de un armario vacío, de una interrogación sin final, cualquier cosa es posible. No somos el centro del universo, porque ese centro está en todas partes. Absolutamente en todas. Peregrinaciones, las justas. Los pecados son impenitentes. Mentira los actos de contricción, los juicios (los paralelos y los otros), los daños colaterales y la mierda edulcorada. Cada uno de los actos que hacemos pueden implicar dolor a todos los que nos rodean. A todos. Antes o después, todo tiene consecuencias. Perjurio es un eufemismo barato. Y no se puede hablar de futuro en posición horizontal. Y si te crees lo que te dicen en posición horizontal, es culpa tuya. Golpes en el pecho en mitad de una misa los justos. Gran reflexión sobre lo que pensamos que influimos en los demás la que nos (de)muestra esta primera temporada de Apple Tree Yard. Ya no hay patios, ya no hay manzanas, ya no hay ansiolíticos que quiten este puto dolor existencial. Y todo lo demás, también.